Reseña: EL DEMACRE, Juan Muñoz Flórez

Reseña: EL DEMACRE, Juan Muñoz Flórez

publicado en: ¿Qué se cuece? | 0

Reseña para los Premios Guillermo de Baskerville 2016, una iniciativa de Libros Prohibidos

Por Víctor Blanco

 

El Demacre narra la historia de Diego, un “joven” madrileño de treinta y cinco años, cínico y hedonista, que busca prolongar a toda costa su vida parasitaria y fácil junto a Deyanira, su bella novia hispano-cubana de veinte años y estudiante de Historia del Arte. Para ello, y tras ver cómo sus sucesivos planes delirantes por ganar dinero fracasan uno tras otro, no duda en recurrir a un antiguo compañero de colegio, el Chi, quien se gana la vida pasando droga a domicilio, con la intención de trabajar para él. Sin embargo, pese a un inicio prometedor, pronto se torcerán las cosas para Diego. A los problemas con Deyanira y a su lucha sin cuartel contra su propio ego, se sumará la muerte de una chica en el after en el que Diego pasa droga los fines de semana y al que todos se refieren como El Demacre.

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Drogas, rechazo por el orden establecido, desamor, desfase, autodestrucción.

Una historia que no es nueva y a priori no nos sonará original pero que, a medida que me he adentrado en sus páginas, me ha resultado terriblemente genuina. Si es cierto eso de que la Literatura no es “el qué”, sino “el cómo se cuenta”, entonces el Demacre es Literatura en mayúsculas. En mi caso, ha cumplido con creces uno de los dos puntos que yo le pido a una novela: que consiga meterme de tal modo en la piel de los personajes que su causa, sus filias, sus fobias, sus errores y triunfos, sean los míos.

Y de filias y fobias, de errores y triunfos, nos contará un rato Diego Valente, protagonista de la novela y quizá, solo quizá, alter Ego del propio Juan Muñoz Flórez.

 

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La foto de escritor de Juan Muñoz Flórez, padre de la criatura

 

Digo quizá porque la novela triunfa en eso de inventar la verdad para hacerla real. Autobiografía, fantasía y algo de controlado delirio se mezclan en estas páginas hasta el punto que es difícil discernir qué es real y qué no lo es.

Narrada en primera persona, uno de los puntos fuertes de esta obra es sin duda la voz del narrador, el propio Diego, una persona que tiene las cosas muy claras en la vida, un personaje poliédrico, cambiante, egoísta y muy real. Su mezcla de despreocupada mezquindad y arrebatos de buen corazón me ha hecho pensar en el clásico Arturo Bandini de Fante.

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El mar egeo, tan amado por Cavafis, es una de las obsesiones también de Diego.

 

La visión de mundo de Diego, o de Juan, tiñen la novela hasta el punto en que esta podría haber tratado de cualquier cosa, pues lo que la hace única, adictiva y muy veraz es la personalidad del que narra la historia. Entre los enemigos de este “joven hedonista madrileño”, versado además en antigüedad clásica (volveremos sobre este punto más tarde) se encuentran CR7, la destrucción de los viejos barrios de la ciudad, los hipsters de Malasaña, y el mundo moderno en general.

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Nunca habríamos imaginado que le acabaríamos viendo aparecer en esta Web…

 

La inquina y la ingeniosa verborrea del protagonista me ha arrancado más de una, y más de dos, y más de tres carcajadas. Este es el libro con el que más me he reído desde La Conjura de los Necios, y estoy orgulloso de que lo firme un autor patrio. La comparación con la obra de John Kennedy Toole puede extenderse un poco más si asumimos que ambos personajes protagonistas intentan juzgar el mundo moderno desde los presupuestos morales de la antigüedad, con el resultante desfase (a veces trágico, a veces desternillante) que eso provoca.

Humor y tragedia se mezclan en esta historia cuando uno compara las grandezas clásicas con lo mezquino y absurdo que puede llegar a ser nuestro día a día. El Demacre ofrece una visión romántica y pesimista de nuestros días, y sin embargo, conseguirá hacernos arrancarnos más de una carcajada crítica y quizá algo culpable.

Ignatius en la puerta del D.H. Holmes de N. Orléans. ¿Tendremos algún día una estatua de Diego tomando cañas en Argüelles? Yo voto por el sí.

 

He omitido el argumento de forma consciente, porque la sinopsis ya la refleja bastante bien, y porque creo que vale la pena descubrir por uno mismo cómo Diego Valente, que se dedica a vivir de una beca pública, acaba de traficante con un viejo amigo del colegio cuando la gran teta universitaria deja de manar. Sí mencionaré lo sólido, entrañable y real de sus personajes: El Chi y El Richi, traficantes de poca monta, Ariadna, joven madrileña, sufrida doctoranda e incansable amiga, o el implacable Dragan, con el que Diego establecerá una original y sorprendente relación.

Finalizo advirtiendo que, al igual que cierto bar visitado por otro destructivo y dual personaje, El Demacre “no es para cualquiera”.

Tengo claro que ha conectado mucho conmigo por una serie de puntos comunes. Creo que es una novela que, aunque no cuenta como dije ninguna situación nueva, conectará con el lector precisamente por su descripción de una realidad mundana, universal. Las dosis de humor y mala leche la convierten en una lectura fresca. La visión pesimista, desfasada, deja espacio para reflexionar sobre nuestro día a día, el mundo que estamos construyendo.

 

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